Sesgos al invertir (I)

15/05/2021 Por Elvira G.
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A lo largo de los siglos, la Teoría Económica Neoclásica se ha encargado de estudiar el comportamiento de los individuos, suponiendo que estos actúan siempre de manera racional y maximizando sus intereses.

No obstante, en los últimos años, ha empezado a coger fuerza una visión menos confiada en la racionalidad del ser humano: la Economía Conductual. Esta no parte de la premisa de que los seres humanos actúan de forma racional en todo momento, ya que, estos sufren de los llamados sesgos cognitivos, que no son otra cosa que limitaciones que tienen los individuos para, efectivamente, tomar la mejor decisión en función de sus intereses. En suma, que esa racionalidad total no es tal y que, por tanto, los individuos se ven sesgados en sus comportamientos.

Como no podía ser de otra forma, aquí lo vamos a aplicar al ámbito de las inversiones, pero probad a relacionar cada uno de los sesgos que describimos en cualquier otro ámbito de la vida, son con lo que vivimos cada día. Analicemos tres de los principales sesgos que sufrimos en las inversiones:

 

  1. Sesgo del descuento hiperbólico: nos atrae más una ganancia pequeña inmediata que una ganancia que pueda ser mayor en un futuro. No se debe a otra cosa más que la inmediatez de las ganancias tiene una gran atracción.
  2. Aversión a la pérdida: es posiblemente el más conocido, sufrido y reflejado en nuestras situaciones cotidianas. Consiste en la tendencia a que las pérdidas importen más que las ganancias. Según Daniel Kahneman y Amos Tversky (1979), el dolor de perder algo es dos veces superior que la satisfacción de ganarlo.
  3. Exceso de confianza: tendemos a sobreestimar nuestro conocimiento o experiencia, sin distinguir lo que sabemos realmente de lo que no tenemos ni idea o creemos saber.

¿Cuántas veces has tenido complejo de clarividente? Has pensado aquello de “esta empresa va a subir, porque… porque sí, porque lo sé”, ¿o creerte Warren Buffet por haber acertado alguna operación exitosa? No te preocupes, es algo más normal de lo que nos imaginamos, aunque el verdadero problema es que no solemos anticiparlo ni siquiera llegar a verlo.

En resumen, el cerebro humano adolece de gran cantidad de limitaciones y sesgos que le hacen no tomar la mejor decisión, ni la más racional en materia de inversiones. No pretendemos desanimar, pero aquí solo hemos visto tres, iremos analizando la cantidad de anomalías que sufrimos los individuos para ver luego cómo poder reducirlas. Realizaremos una serie de artículos sobre ellos y cómo poder hacerles frente y reducirlos a la hora de invertir.

Y, lo importante debe ser conocerlas y no subestimarlas, solo así seremos (un poco) más conscientes de cómo evitarlas. Hay que conocer bien al enemigo, sobre todo, cuando lo tenemos en casa, que ya bastante complicado es este sector.

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